viernes, 21 de junio de 2013

La leyenda del origen de las montañas

Hola, hola, queridos seres vivientes, ¿qué hacéis en esta apacible tarde de verano junio?

Ya va siendo hora de adentrarse en otra leyenda, así que con la ayuda de San Google, he ido a parar a las lejanas tierras de los inuit. Sí, sí, no me miréis raro, que todos sabéis quiénes son los inuit: son esquimales.
Me ha picado bastante la curiosidad, y como no es un tipo de mitología muy conocida... allá que voy. Además, no tiene nada que ver con dioses ni hielo, sino con algo tan mundano como la tierra, ya que esta leyenda relata la formación de las montañas.

La verdad es que se trata de una historia bastante popular, creo, me suena haberla leído o visto antes, o alguna muy similar. Aunque supongo que la mayoría de las leyendas tienen eso en común, sus orígenes son muy difusos y cambian con facilidad, hay cantidad de versiones ^^
Y sin más que añadir, os redacto la leyenda.


Cuenta la leyenda que, hace miles de años, un inuit siguió a un caribú hacia tierras inexploradas; allí, descubrió dos tipos de habitantes muy distintos entre sí. Los primeros eran gente muy pequeña, como duendes, alegres y risueños, siempre cantando. En contraposición, los segundos, llamados tuniq, eran gigantes, inmensamente enormes comparados con los inuit. 

Así, los tuniq eran violentos guerreros acostumbrados a dar caza a los inuit y devorarlos. Pero los inuit disponían de una inteligencia superior a la de los tuniq, de manera que los burlaban con frecuencia.

Uno de los tuniq avistó al pequeño inuit y comenzó a perseguirlo. Durante la carrera, otro tuniq se fijó en ellos, por lo que también se sumó a la persecución. El inuit, aterrado, dejó de perseguir a su caribú y emprendió la huida hacia sus tierras. Sin embargo, a pesar de que el inuit era mucho más ágil que los dos gigantes, éstos consiguieron atraparlo.
Al verse acorralado y sin escapatoria, el inuit hizo uso de su astucia y, para entretener a los tuniq, les preguntó por qué querían atraparlo, a lo que ambos respondieron se encontraban hambrientos. En respuesta, el inuit les dijo que, al ser tan pequeño, su carne no sería suficiente para dos grandes tuniq como ellos; para rematar su estratagema, el inuit les preguntó cuál de los dos sería el afortunado que le devoraría.

Como cada tuniq se autoproclamaba digno merecedor de su presa, iniciaron una discusión sobre quién tenía derecho a comerse al pequeño inuit, ambos argumentando que lo habían visto primero o que habían sido capaces de atraparlo. Pasado un rato, el inuit les propuso que luchasen entre sí; el tuniq ganador sería quien debiera devorarle.

De este modo, los tuniq empezaron una cruda y larga batalla que duró incontables días y noches, un violento combate cuerpo a cuerpo. A lo largo de la refriega, los dos recibieron duros golpes, y con cada uno de ellos, la tierra se removía, juntándose, alzándose, quebrándose... Se arrojaron ferozmente el uno contra el otro, y el suelo acabó adoptando la forma a los valles, colinas y montañas que hoy conocemos. 
La pelea se alargó hasta que ambos tuniq, exhaustos por la lucha, cayeron con todo el peso de su cuerpo sobre el suelo, sin proclamarse un vencedor. Mientras tanto, el inuit había esperado y observado pacientemente a los gigantes; al verlos tendidos sobre la tierra, atravesó sus corazones con una flecha y regresó a su tierra.

Aun así, miles de años después, tanto el inuit como los tuniq habían desaparecido de la faz de la tierra; sin embargo, las montañas y valles surgidos del enfrentamiento aún siguen en su lugar, testigos de dicho enfrentamiento.


Y esto ha sido todo. ¿No os suena a vosotros también? No consigo recordarlo con exactitud, pero sí, se trata de una historia o leyenda que todos debemos de conocer ya, si no en una versión, en otra ;)

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