domingo, 20 de febrero de 2011

Memories in the woods

Más vale tarde que nunca. Esta vez empecé inspirándome en la situación de dos personajes de un anime (Kohaku y Sango), Inuyasha. Pero no sé cómo, después esto acabó más basado en el libro "The fox and the hound" de Daniel P. Mannix (o más conocido por la versión de Disney, "Tod y Toby"), que otra cosa.

Anyways, aquí hay varios fragmentos de lo que he escrito, de cómo las cosas no son como parecen, de cómo puede ser la vida y de cómo todo puede darse la vuelta en cuestión de un momento:




No paran de reír felices mientras corren por el bosque, persiguiéndose y gastándose bromas. Esquivan los árboles a toda velocidad; no entienden de diferencias, de enemistades, simplemente viven el momento y creen que durará para siempre. Son niños.


[...]

Han pasado 20 años, pero Chris lo recuerda como si fuera ayer. El derrumbamiento, los gritos, el miedo, la discusión… todo. Cómo aquel día fue el último de su amistad.
Va caminando por ese mismo bosque mientras le asaltan los recuerdos de dos niños corriendo felices. Arrastra los pies y mantiene la cabeza gacha hasta que se da cuenta de que ha llegado al lugar. A donde todo se terminó.

Es una costumbre que ha mantenido desde entonces, casi como una tradición. Pero ese año nota algo distinto en el ambiente. Es como si hubiera alguien más, pero Chris sabe que sólo están los animales de la zona.



-¡Se parece a ti!
-¡Eso no es verdad, yo no tengo esa cara de vieja!-Noa sigue protestando mientras Chris se parte de risa en el suelo. –Lo que te pasa es que te ha sentado mal que dijera que el gato de arriba tiene mejor carácter que tú- responde ella sonriendo.
Chris le saca la lengua como respuesta. 



No se da cuenta de que se ha apoyado en la chimenea hasta que ésta se cae debido al peso de más. Chris decide despejar la cabeza y continuar avanzando.

Si al menos Noa no hubiera decidido intentar mover la viga que cubría parte del piano para poder tocarlo… La dejó sola un momento para ir a explorar más habitaciones y lo siguiente que recuerda es que toda la estructura superior caía hacia la planta baja. Casi mueren los dos; fue culpa suya, no de él.

Justo en ese momento le sobresalta el ruido de notas musicales. Aunque no tienen nada que ver con una melodía, más bien son notas al azar. Más animales en busca de comida entre las piedras.
Casi sin darse cuenta, Chris ha llegado hacia el lugar más especial de la mansión, el que él y Noa compartían. Desde su posición no se puede ver, pero ese mismo muro tenía un significado especial.



En realidad no lo habían planeado. Bastó simplemente una mirada, un acuerdo silencioso. Parecía ser la pared central del edificio, el corazón de la casa. Y había que aprovecharlo.
No pararon hasta encontrar unos cuantos rotuladores.

-Es verdad, ¿a que sí?-dice Noa.
-Sí, siempre vamos a ser amigos. Lo prometo.-responde Chris.
-Yo también lo prometo.

Chris no puede evitar poner la mano en el muro, intentado capturar el recuerdo y quedarse en él. Sin apartar la mano, cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, perdiéndose en todos aquellos momentos vividos en el bosque.


***


[...]


No se podía creer ni entender que él le echara la culpa, ni en ese momento ni ahora.

Pasea lentamente de una habitación a otra, perdiéndose en los recuerdos. De repente, oye cómo el viento mece la puerta principal, creando la ilusión de que se está abriendo. Sin embargo ella sabe que no hay nadie más allí.
Ha llegado a la cocina y no puede evitar coger una sartén que cuelga de la pared, tirando más escombros al suelo, que rebotan contra las piedras caídas.

-¡Vuelve aquí, cobarde!-Noa grita corriendo detrás de Chris por toda la mansión y blandiendo una sartén como arma.
-¿Para que me abras la cabeza? Mejor seguimos con el piso de arriba, que lo hemos dejado a medio explorar.


El recuerdo se ve interrumpido por el ruido que provoca un derrumbamiento.


[...]

Sigue recorriendo las estancias hasta que algo le llama la atención. El piano había resistido bien el impacto, no está muy deteriorado. Noa se acerca al dormitorio poco a poco, y desliza la mano por la superficie del piano. Toca unas cuantas notas distraídamente con los dedos, pensando que todo habría sido muy distinto si hubieran decidido no entrar en la mansión. Desde entonces se acabaron los paseos por el río, las bromas, los pic-nics bajo los árboles, las risas; la amistad.

Ya ha recorrido las habitaciones que más recuerdos le traían, pero antes de marcharse necesita hacer una última cosa; ha dejado lo más importante para el final.

Avanza hacia el centro de la casa, su lugar especial. Hacia el muro más importante de todos, que curiosamente sigue en pie, como si se tratase de una especie de mensaje, algo que dejaba claro que no todo estaba destruido.
Noa se estremece ligeramente ante el pensamiento. Ojalá fuese verdad.

Aunque algunos ya han desaparecido, ella recuerda exactamente dónde estaba cada dibujo, cada trazo, cada letra. Una promesa que no llegó a cumplirse.

Chris se centró en Noa, y Noa se centró en Chris. Al final, ese rinconcito quedó ocupado por miles de dibujos de ellos dos, de cada tarde que habían compartido, y las que quedaban por compartir. Con letras diferentes, se podía leer:

“5 de Mayo
Chris: mejor amigo, aventurero intrépido y con sentido del humor.
Noa: mejor amiga, gran pianista y trepadora de árboles.
Siempre amigos.”



Noa suspira con pesar mientras alza la mano y la apoya sobre el muro, justo en el lugar que reafirmaba la amistad de ambos. Sin retirar la mano, agacha la cabeza, cierra los ojos e intenta absorber lo máximo posible del recuero para llenar el vacío de todos esos años perdidos.

Nunca volvieron a dirigirse la palabra después de recuperar el conocimiento entre los escombros y culparse mutuamente. Después de aquello y durante esos 20 años, se dio cuenta de que nada dura para siempre.

Si pudiera volver atrás… aprovecharía todos y cada uno de los grandes momentos, hasta los más pequeños. Se quedaría en el pasado para poder disfrutar de los atardeceres en las ramas de los árboles y de las bromas entre la nieve. De los chapuzones en el lago y las acampadas nocturnas. De todo.
Eran buenos tiempos.


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