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miércoles, 25 de julio de 2012

Huída

¡La inspi ha vuelto, la inspi ha vuelto! Y la noto sobre mi cabeza, así que caerán mas escritos... (espero). De momento, sólo hay una novedad ;)
La idea surgió gracias al concurso organizado en el blog Historia de una Palabra (en el cual todavía estáis a tiempo de participar). A partir de un fragmento, había que continuar una historia.
Pues bien, fue terminar de leer el fragmento y empezar a surgir la continuación en mi cabeza, así, de repente; con lo cual, me puse a escribirlo corriendo.

El problema fue que después me tocó "escribir hacia atrás" y desarrollar la historia antes de ese fragmento. Eso si fue un poco más complicado xD Más el hecho de que está en 1ª persona; no ha sido tan "complicado" como pensaba que sería en un principio, es casi igual... aun así sigo prefiriendo la 3ª persona.
Fin de la historia, el trozo que viene a continuación está basado en ese fragmento.

Ah, y aprovecho para comentar una cosa. Una amiga me ha dicho si podía hacerle publi al blog un amigo que está escribiendo una novela. Así que yo difundo: Es la Hora. A mí me ha gustado cómo comienza la historia, pero sobre todo me ha gustado la ambientación :)


Ahora sí que sí, el fragmento:




Huía del calor del fuego, del olor a muerte. De las cenizas que caían como nieve y del sonido de la agonía. Huía del humo asfixiante y de la promesa de una muerte segura. Pero sobre todo, huía de mí.

¿Y cómo no iba a hacerlo, si todo había sido culpa mía? Pero aunque intentara negarlo y convencerme de lo contario, en lo más profundo de mi ser sabía que no habían sido ellos los culpables, sino yo. Yo, que tanto me había esforzado en hacer de esa pequeña ciudad dejada de la mano de Dios un vergel radiante; yo, que la había visto alzarse, renacer de sus cenizas, resurgir de nuevo; yo, que había removido cielo y tierra para evitar que cayera en el olvido.

Yo la había destruido.
 
Mientras corría, no podía evitar que las lágrimas siguieran derramándose por mi rostro, cada una un recuerdo más de cómo había fracasado estrepitosamente. Las sentía como la hoja de un puñal recién afilado que se clavaba profunda y dolorosamente en mi interior, hasta el punto de que apenas era capaz de enfocar la vista y seguir corriendo. Y había sido yo quien había lanzado ese puñal.

Jadeando por el esfuerzo, me detuve junto al tronco de un árbol en mitad de la espesura del bosque y lo golpeé con el puño. Quizá el dolor físico se llevara el miedo y el otro dolor, ésos que me atenazaban desde el primer momento en que los vi llegar.

Y sabía que no se detendrían, que esto no había hecho más que empezar. Giré la vista. Las llamas lamían lo que quedaba de las ruinas de la ciudad y se alzaban poderosas hacia el firmamento, furiosas, como si también pretendieran arrasar las estrellas y la Luna.

De repente, todo mi cuerpo se tensó. Voces. Seguramente ya debían de haber descubierto el engaño; más me valía seguir corriendo.

Continué adentrándome en el bosque, tan sigilosamente como pude sin reducir la velocidad e intentado borrar mi rastro.
 
Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza el hecho de que me había convertido en una traidora a los ojos del resto de la ciudad; ellos había puesto todas sus esperanzas en mí y yo les había correspondido de esta manera. Todavía sigo sin comprender muy bien por qué lo hice.

Al fin y al cabo, es posible que aquella anciana tuviera razón y no pudiera escapar a mi destino. Maldito sea el día en el que me encontré con ella.
 
No dejé de correr hasta llegar al borde del acantilado. Me detuve a sólo unos pasos del precipicio, con el rumor de las olas rompiendo contra la base. Lentamente, saqué del bolsillo interior de mi cazadora el bulto y lo desenvolví, descubriendo el pequeño aunque pesado objeto que guardaba; se había cobrado demasiadas vidas. Cerré los ojos, deseando que ella tuviera razón. Y salté.

Ahora más que nunca sus palabras resonaban con nitidez en mi cabeza: “No dejes que lo encuentren. Debes hacerles creer que conseguirán su oscuro propósito. Debes tenderles una trampa y huir de la masacre. Tus pasos te guiarán en la dirección correcta. Está escrito. No tengas miedo. Cuentas con una protección que va más allá del entendimiento mortal. Confía. Y salta”.

domingo, 10 de julio de 2011

Back home

Hi there! Aquí os traigo otra cosilla basada en una canción de Chris Daugthry, "Home". Creo que al final conseguí que no se pareciera demasiado a Down the road, pero anyways... me gusta el resultado.

Ya no me enrollo más y dejo el trocito. Enjoy!






Necesitaba irse. Sentía una necesidad urgente de desaparecer por un tiempo, alejarse de todo; tiempo para pensar, tiempo para ser él mismo.

Simplemente estaba cansado del ir y venir habitual, las prisas, la hipocresía en las caras y palabras de la gente, los intereses, las decepciones. Estaba cansado del ritmo del mundo.

Todos estos pensamientos inundaban su cabeza mientras se adentraba en el familiar camino que conducía hacia la cabaña. Cerró los ojos apenas un momento y suspiró ligeramente, sintiendo el acogedor ambiente envolverle.
Casi sin darse cuenta ya había aparcado frente al montón de leña, que amenazaba con derrumbarse, de la puerta del garaje. Sin embargo, dejó el coche afuera, observando los surcos que habían dejado las ruedas en la nieve virgen. Probablemente volvería a nevar esa noche.

Al contrario de lo que todos a su alrededor pensaban, él no se había marchado para huir de su anterior vida, no, sólo necesitaba descansar de toda aquella locura y recordarse quién era, a dónde pertenecía. Y pertenecía allí, a esa pequeña cabaña de madera en medio del bosque, alejada de toda la locura, inmersa en la tranquilidad.

Ni siquiera le importaba sentir el frío del invierno atenazándole, era un tipo diferente de frío, totalmente distinto al que llevaba sintiendo durante todos los meses que llevaba fuera; no era el frío de la indiferencia, sino el frío de la soledad y la noche inminente que tanto deseaba en esos momentos.

Una vez delante de las escaleras principales, aspiró profundamente el aire que tanto había echado de menos, llenándose de la esencia del lugar, reconociendo el aroma de la estructura de madera. Entró en el porche con pasos decididos, la madera crujiendo bajo sus pies, y sin pensarlo más abrió la puerta y entró, cerrándola tras él.
Estaba en casa.

[...]


domingo, 20 de febrero de 2011

Memories in the woods

Más vale tarde que nunca. Esta vez empecé inspirándome en la situación de dos personajes de un anime (Kohaku y Sango), Inuyasha. Pero no sé cómo, después esto acabó más basado en el libro "The fox and the hound" de Daniel P. Mannix (o más conocido por la versión de Disney, "Tod y Toby"), que otra cosa.

Anyways, aquí hay varios fragmentos de lo que he escrito, de cómo las cosas no son como parecen, de cómo puede ser la vida y de cómo todo puede darse la vuelta en cuestión de un momento:




No paran de reír felices mientras corren por el bosque, persiguiéndose y gastándose bromas. Esquivan los árboles a toda velocidad; no entienden de diferencias, de enemistades, simplemente viven el momento y creen que durará para siempre. Son niños.


[...]

Han pasado 20 años, pero Chris lo recuerda como si fuera ayer. El derrumbamiento, los gritos, el miedo, la discusión… todo. Cómo aquel día fue el último de su amistad.
Va caminando por ese mismo bosque mientras le asaltan los recuerdos de dos niños corriendo felices. Arrastra los pies y mantiene la cabeza gacha hasta que se da cuenta de que ha llegado al lugar. A donde todo se terminó.

Es una costumbre que ha mantenido desde entonces, casi como una tradición. Pero ese año nota algo distinto en el ambiente. Es como si hubiera alguien más, pero Chris sabe que sólo están los animales de la zona.



-¡Se parece a ti!
-¡Eso no es verdad, yo no tengo esa cara de vieja!-Noa sigue protestando mientras Chris se parte de risa en el suelo. –Lo que te pasa es que te ha sentado mal que dijera que el gato de arriba tiene mejor carácter que tú- responde ella sonriendo.
Chris le saca la lengua como respuesta. 



No se da cuenta de que se ha apoyado en la chimenea hasta que ésta se cae debido al peso de más. Chris decide despejar la cabeza y continuar avanzando.

Si al menos Noa no hubiera decidido intentar mover la viga que cubría parte del piano para poder tocarlo… La dejó sola un momento para ir a explorar más habitaciones y lo siguiente que recuerda es que toda la estructura superior caía hacia la planta baja. Casi mueren los dos; fue culpa suya, no de él.

Justo en ese momento le sobresalta el ruido de notas musicales. Aunque no tienen nada que ver con una melodía, más bien son notas al azar. Más animales en busca de comida entre las piedras.
Casi sin darse cuenta, Chris ha llegado hacia el lugar más especial de la mansión, el que él y Noa compartían. Desde su posición no se puede ver, pero ese mismo muro tenía un significado especial.



En realidad no lo habían planeado. Bastó simplemente una mirada, un acuerdo silencioso. Parecía ser la pared central del edificio, el corazón de la casa. Y había que aprovecharlo.
No pararon hasta encontrar unos cuantos rotuladores.

-Es verdad, ¿a que sí?-dice Noa.
-Sí, siempre vamos a ser amigos. Lo prometo.-responde Chris.
-Yo también lo prometo.

Chris no puede evitar poner la mano en el muro, intentado capturar el recuerdo y quedarse en él. Sin apartar la mano, cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, perdiéndose en todos aquellos momentos vividos en el bosque.


***


[...]


No se podía creer ni entender que él le echara la culpa, ni en ese momento ni ahora.

Pasea lentamente de una habitación a otra, perdiéndose en los recuerdos. De repente, oye cómo el viento mece la puerta principal, creando la ilusión de que se está abriendo. Sin embargo ella sabe que no hay nadie más allí.
Ha llegado a la cocina y no puede evitar coger una sartén que cuelga de la pared, tirando más escombros al suelo, que rebotan contra las piedras caídas.

-¡Vuelve aquí, cobarde!-Noa grita corriendo detrás de Chris por toda la mansión y blandiendo una sartén como arma.
-¿Para que me abras la cabeza? Mejor seguimos con el piso de arriba, que lo hemos dejado a medio explorar.


El recuerdo se ve interrumpido por el ruido que provoca un derrumbamiento.


[...]

Sigue recorriendo las estancias hasta que algo le llama la atención. El piano había resistido bien el impacto, no está muy deteriorado. Noa se acerca al dormitorio poco a poco, y desliza la mano por la superficie del piano. Toca unas cuantas notas distraídamente con los dedos, pensando que todo habría sido muy distinto si hubieran decidido no entrar en la mansión. Desde entonces se acabaron los paseos por el río, las bromas, los pic-nics bajo los árboles, las risas; la amistad.

Ya ha recorrido las habitaciones que más recuerdos le traían, pero antes de marcharse necesita hacer una última cosa; ha dejado lo más importante para el final.

Avanza hacia el centro de la casa, su lugar especial. Hacia el muro más importante de todos, que curiosamente sigue en pie, como si se tratase de una especie de mensaje, algo que dejaba claro que no todo estaba destruido.
Noa se estremece ligeramente ante el pensamiento. Ojalá fuese verdad.

Aunque algunos ya han desaparecido, ella recuerda exactamente dónde estaba cada dibujo, cada trazo, cada letra. Una promesa que no llegó a cumplirse.

Chris se centró en Noa, y Noa se centró en Chris. Al final, ese rinconcito quedó ocupado por miles de dibujos de ellos dos, de cada tarde que habían compartido, y las que quedaban por compartir. Con letras diferentes, se podía leer:

“5 de Mayo
Chris: mejor amigo, aventurero intrépido y con sentido del humor.
Noa: mejor amiga, gran pianista y trepadora de árboles.
Siempre amigos.”



Noa suspira con pesar mientras alza la mano y la apoya sobre el muro, justo en el lugar que reafirmaba la amistad de ambos. Sin retirar la mano, agacha la cabeza, cierra los ojos e intenta absorber lo máximo posible del recuero para llenar el vacío de todos esos años perdidos.

Nunca volvieron a dirigirse la palabra después de recuperar el conocimiento entre los escombros y culparse mutuamente. Después de aquello y durante esos 20 años, se dio cuenta de que nada dura para siempre.

Si pudiera volver atrás… aprovecharía todos y cada uno de los grandes momentos, hasta los más pequeños. Se quedaría en el pasado para poder disfrutar de los atardeceres en las ramas de los árboles y de las bromas entre la nieve. De los chapuzones en el lago y las acampadas nocturnas. De todo.
Eran buenos tiempos.